Diálogo Interior
La forma en que nos hablamos a nosotras mismas influye directamente en cómo nos sentimos, en la confianza que tenemos y en las decisiones que tomamos.
Así mismo, cuando nuestro diálogo interno es exigente o crítico, podemos generarnos ansiedad, culpa y desmotivación, entre otros muchos sentimientos duros. Y es que, a veces pecamos de no tratarnos con todo el cariño o comprensión que nos merecemos y eso acaba provocándonos inseguridades.
En este sentido, el fallo más común que cometemos es la hiper exigencia: nos ponemos objetivos altos y nos juzgamos si no los alcanzamos tal y como deseábamos. A través de esa crítica interna que llevamos a cabo mediante insultos, reproches o comparaciones, en el fondo nos estamos mandando el mensaje de que no somos suficiente. "No soy del todo válida/o".
Por el contrario, cuando cultivamos palabras amables, comprensivas y alentadoras, fortalecemos nuestra autoestima y nos permitimos avanzar con más seguridad y calma. Por eso, el diálogo interior amable nos va a facilitar, a la larga, tener una autopercepción más positiva de nosotras mismas.
Podemos practicar cuando nos pillemos hablándonos de malas maneras. Paramos unos segundos y reformulamos lo que nos hemos dicho pero de una forma más agradable y menos dura.
Con el tiempo lo agradeceremos.